El veterinario en la crisis de la DANA

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26/11/2019
El veterinario en la crisis de la DANA
El veterinario en la crisis de la DANA

Días 13 y 14 de septiembre: Orihuela es triste protagonista del fenómeno llamado DANA. El Segura empieza a desbordarse y se esperan nuevas crecidas. El municipio oriolano está anegado, la comarca entera más bien. Las entradas de la ciudad están cortadas. Los desalojos y realojos se disparan pero, tras dos días jarreando y un tercero lloviendo moderadamente, empiezan a augurar que lo peor había pasado. Entre las autoridades que dirigen el operativo –con la UME, bomberos, Protección Civil…- surge una inquietud: “necesitamos un veterinario”. No pensaban en el trato a los animales, que también, sino en los problemas que podrían afectar a los desplazados. “La solución se improvisó pero convendría que la Generalitat tomase cartas en el asunto y se protocolice el papel del veterinario en estos desastres porque nuestra presencia es clave para todo tipo de cuestiones vinculadas con  salud pública”, explica el presidente del Colegio de Alicante (Icoval), Gonzalo Moreno del Val.


Días después, la Agencia de Seguridad y Emergencias puso cifras y estimó que más de 1.400 animales habían perecido ahogados. Pero en ésas fechas aún dominadas por cierto caos había que comprobar antes cuál era el estado de la cuestión: repasar la situación de las granjas y comprobar el estado de sus animales. Fue entonces cuando José Antonio García Navarro, Coordinador Veterinario del Centro de Salud Pública de Orihuela, se incorporó al equipo y en primera instancia fue llamado para sobrevolar en helicóptero el área siniestrada para así informar al Puesto de Mando.

Priorizar la recogida de cuerpos
”Vimos cuerpos flotando o entre el fango, pero sobre todo localizamos las granjas y las posibles vías de acceso y días después pudimos comprobar que habían más cadáveres”, explica. “Había que priorizar y organizar la recogida, pesca más bien, de los animales muertos, hacerlo con las medidas de seguridad adecuadas para los operarios, con trajes especiales y evitando el contacto de los cuerpos con las mucosas. Si no se actuaba rápido podía haber riesgo de infecciones o producirse infiltraciones en pozos de agua potable”, relata el veterinario de Salud Pública. De ahí, que se insistiera a la población en que extremara las medidas de higiene y desinfección de verduras y frutas y que se redoblase el control oficial en mercadillos y minoristas.


    En los días posteriores –continúa- “los ayuntamientos comenzaron a preguntar cómo habían de enterrar a los animales muertos que iban descubriendo y sobre qué alternativas habían para los vivos que no podían volver a su granja de origen”, recuerda. Algunos de ésos animales estaban identificados con chip y registrados por lo que fue necesaria también la participación de veterinarios de la Conselleria de Agricultura responsables del control oficial y del saneamiento ganadero.

Seguridad alimentaria
De no contar con los veterinarios para afrontar esta situación, la Agencia de Seguridad y Emergencias pasó en tiempo récord a incorporar a su equipo a hasta 8 de estos profesionales. Se informó entonces también a las autoridades locales de que todos los cadáveres se habían de tratar como residuos tipo SANDACH y que por tal motivo habían de ser retirados por una empresa autorizada para ello.


    Un tercer frente se dio con la atención a las personas desalojadas. “Muchos fueron trasladados a un albergue de Dolores y la gente se organizó para facilitarles el alimento. Eso para el primer día se puede aceptar pero después hubo que buscar un sistema para garantizar la seguridad alimentaria”, aclara García Navarro.

- Art publicado en Diario Información el 28-10-2019